Mil ilusiones

27.3.06

Pandemonium

Pandemonium


Primero el horror. El miedo, el espanto, el dolor causado por advertir lo inadvertible, por comprender lo incomprensible, por vislumbrar que la realidad no es más que una pantomima que algo o alguien manipula a su antojo, sin percibir que los hilos de los que se vale el destino para designar nuestras vidas nada tienen de azarosos; que todo está maniobrado, minuciosamente calculado, que no existen las casualidades, y que éstas son sólo excusas que utiliza la gente para explicar a las reales y palpables causalidades, los caprichos del porvenir. Ahora todo parece vulnerable, insignificante, pero a la vez -contradictoria y paradójicamente a la vez- excesivamente complejo, estructurado. El mundo, antes tan enmarañado, oscuro y misterioso, ahora puedo comprenderlo con una claridad, con una sencillez que jamás había imaginado.
Y después, inmediatamente seguido al horror por comprender lo incomprensible, por advertir lo inadvertible, me enfrento a tu bronca, tu rencor, tu despecho, tu repentino desamor, producto de tu inocente y disculpable ignorancia sobre la verdad de las cosas, aún sin saber, sin haber descubierto que todo lo sucedido no fue sino una de esas tantas e imperceptibles cadenas de causas y consecuencias. Pero a tus condenas y acusaciones –entendibles, por cierto, pero equivocadas-, inquietantes, inquisidoras, no las tomo como agresiones sino con dulzura, con la ternura con la que se reciben las incoherentes recriminaciones de los niños, sumidos en la ingenuidad, en la inexperiencia de lo que los rodea, con la virginidad propia del desconocimiento causado por ignorar la verdad, que no podemos hacer nada por evitar a esta vil treta jugada por la providencia, que los accidentes no existen, que todo lo que sucede son sucesiones de hechos relacionados entre sí, entretejidos como una telaraña, que yo no soy el culpable de nada.
Y justo en el preciso y maravilloso momento en que a fuerza de besos, abrazos y consuelos, logro que entiendas que ya nada puede ser malo, que eternamente vamos a estar juntos por más extraño y desagradable que se sea este lugar, cobran intensidad las luces a nuestro alrededor, el sonido de las voces que resuenan en nuestras cabezas, haciendo lo posible por sacarnos de este letargo en el que nos encontramos. Los gritos, la desesperación, la agitación. Y luego, de golpe, como una visita no esperada ni deseada, llega el silencio. La quietud total, absoluta, pacificadora, pero a la vez –nuevas contradicciones y paradojas- amenazan con destruir todo lo que logramos hasta este instante. Todo lo que ahora se ve tan frágil, tan delicado como las alas de una mariposa, y a la vez tan sistematizado, monstruosamente organizado, que alguna gente equivocadamente llama vida y nosotros ahora llamaremos muerte, se ve intimado por este abrumador mutismo en el que lo único que se escucha es el imaginario galopeo de aquello que eran nuestros corazones –el tuyo más agitado que el mío-, y el sonido de nuestros pasos al avanzar tomados de la mano por este pedregoso terreno, este espinoso sendero que quién sabe dónde terminará.







1 Comments:

  • Debido a mi impericia en este nuevo medio de comunicacion denominado internet, el comentario lo ahgo aca... no tengo ni idea de donde va a salir, ja!
    bueno, este es un cuentito que escribi hace bastante.
    consejo, leanlo varias veces y traten de buscarle los diferentes sentidos que tiene...espero que lo disfruten!

    By Blogger Ser giorongo, at 7:33 p. m.  

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