Mil ilusiones

19.4.06

¿Qué tal? Por aquí todo bien, con un poco mas de optimismo, esperanza y con la alegria de descubrir muchas cosas que de haber vislumbrado antes, todo hubiera sido mas facil... pero como reza el Martín Fierro: "junta esperiencia en la vida; hasta pa´dar y guardar; quien la tiene que pasar entre sufrimiento y llanto; porque nada enseña tanto; como el sufrir y el llorar"
Y es por eso que les regalo un cuentito que escribi a mediados del año pasado. Que lo disfruten:


La inconcebible historia de Vernet

Los hechos sucedidos en la cárcel de Ushuaia durante el mes de octubre de mil novecientos veinticuatro con respecto al recluso número 1.652, siguen sin tener otra explicación mas que la que ha dado el “boca en boca”. Muchos aseguran que se trata simplemente de una leyenda urbana, esas que tanto abundan en nuestro territorio. Pero en 1979, Julio César Gorostiaga, un corresponsal argentino de un periódico extranjero el cual no es mi intención mencionar, pudo -o creyó poder- dilucidar los hechos. Buscando información sobre Cayetano Santos Godino para una crónica sobre los asesinos múltiples en la historia de nuestro país, encontró por casualidad la historia de Juan Bautista Vernet, otro macabro homicida confinado en la misma prisión. Se trata de un francés llegado a la Argentina alrededor de 1912, conocido en su época por la morbosidad de sus crímenes, pero ignorado históricamente debido a la siniestra popularidad del “Petiso Orejudo” y su nombre es sinónimo de misterio en lo que respecta a su indescifrable desaparición.
Obsesionado por develar el enigma, el periodista dedicó meses a la investigación de los hechos, hasta que hurgando en viejos diarios, archivos y expedientes, logró dar con un elemento que supuso ostenta la verdad del asunto, o al menos su aproximación. Se trata de un viejo cuaderno de uno de los presos del cual aún se desconoce su identidad, utilizado no sólo para llevar las anotaciones diarias, sino también para verter los pensamientos, emociones y, porqué no también, las fantasías de su autor. En la página 36, se puede apreciar una pequeña historia fechada el 14 de octubre de 1924 que según Gorostiaga, arrojó al menos un rayo de luz sobre los hechos. El texto completo es el siguiente:

“Hacía varios años que estaba en el mismo lugar, entre una reja y tres paredes que en otro tiempo supieron ser blancas. Tirado sobre un hediondo colchón, paseaba su vista por los ladrillos que se asomaban por debajo de los restos de pintura sucia y descascarada que se resistía a caer completamente del muro. Mientras armaba un cigarrillo, repasaba los hechos que lo llevaron a pasar los últimos diez años de su vida en ese sitio, y con resignación pensó que todavía le quedaban siete más. Dejó salir el humo por la nariz mientras se repetía a sí mismo: “si tan sólo pudiera volver a mi hermosa Marsella”. Siete años. Dos mil quinientos cincuenta y cinco días y otras tantas noches. “Es mucho tiempo”, pensó. “Demasiado para estar acá”.
Noches después, luego de sofocar una revuelta en el comedor, los guardias procedieron al conteo de los presos, con resultado satisfactorio. Varios estaban heridos, algunos de gravedad. El francés estaba intacto, se había mantenido alejado de la pelea, aunque algunos lo acusaron de haberla iniciado.
Al regresar a las celdas, se tiró como siempre en su camastro y empezó a fumar con la mirada perdida en un punto imaginario en la pared, como si ese punto fuera una ventana a su querida Francia, a las playas del Mediterráneo que tantas veces recorrió. Sólo que esta vez no se lo veía triste y desganado como siempre, sino concentrado, focalizado, esforzándose con toda su energía para mantener esa visión, para que no se cierre esa ventana...
A la mañana siguiente, los guardias de seguridad encontraron su uniforme rayado tirado en el suelo.”

Gorostiaga negó rotundamente que este texto sea un cuento, sostuvo que quien haya sido el autor fue un testigo privilegiado de los sucesos y se limitó a narrarlos. Manifestó que tanto la fecha de escritura como el hecho de que el personaje sea francés eran pruebas contundentes que se referían a Juan Bautista Vernet. La añoranza del protagonista del relato por su país, y ese final que roza con lo fantástico indicarían que de alguna manera imprecisa, el presidiario pudo transportarse instantáneamente a su amada Francia sin que importen los gruesos muros de la prisión ni los miles de kilómetros que separan a Argentina de Europa. Nunca se encontró el cuerpo de Vernet. Su ropa fue hallada de la misma manera en la que es descripta en ese misterioso texto. Es ridículo pensar que haya podido escapar estando desnudo sin haber sido visto por nadie y suponiendo que esto haya sido posible, debería haberse encontrado su cadáver en las gélidas tierras fueguinas. En los expedientes figura como “desaparecido”.
El periodista nunca pudo llegar a publicar la nota. Al diario no le interesó, definió a la investigación como “una sarta de disparates y sandeces impublicables y una pérdida de tiempo” El telegrama de despido le llegó antes de poder viajar a Europa para buscar pruebas irrefutables de la existencia de Vernet en Francia desde 1924 en adelante.

5 Comments:

  • Faaaaahhh!!!

    Muy bueno Sergius!

    Congratz!

    Besos libres!

    By Blogger Lulet (Julia Mar), at 9:29 a. m.  

  • ta bueno esto eh! que pasa que no escribis mas para tu musa?

    By Anonymous Anónimo, at 5:12 p. m.  

  • Me pregunto por qué el 14 de Octubre...

    La verdad que un cuento de la re hostia que lo parió... lo sigo leyendo y me sigo flasheando...

    Le pasé tu link a "varias gentes"...

    Merecés ser leído, Sergius.

    Muax!

    By Blogger Lulet (Julia Mar), at 12:15 a. m.  

  • Sería fantástico que la mente pudiera transportar el cuerpo hacia lo que soñamos, evitando de esta manera la cotidiana separación de ambas.

    Felicitaciones Tata!!!

    By Anonymous Anónimo, at 9:26 a. m.  

  • Mirá, mirá como el señorito tiene "counter" nuevo!!!

    Congratz!

    Besos numerados!!

    By Blogger Lulet (Julia Mar), at 1:47 p. m.  

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